sábado, 9 de diciembre de 2017

Inteligencia infinita

«¿Qué es una inteligencia infinita?, indagará tal vez el lector. No hay teólogo que no la defina; yo prefiero un ejemplo. Los pasos que da un hombre, desde el día de su nacimiento hasta el de su muerte, dibujan en el tiempo una inconcebible figura. La Inteligencia Divina intuye esa figura inmediatamente, como la de los hombres un triángulo. Esa figura (acaso) tiene su determinada función en la economía del universo.»

Borges, nota al pie en “El espejo de los enigmas”, Otras inquisiciones

viernes, 1 de diciembre de 2017

El idioma del primer amor

«... y el primer amor tiene esa clase de poder: es el que define para siempre cómo será el amor para cada uno. Por eso es que somos extranjeros en esa tierra el resto de nuestras vidas. Porque todo lo que viene después lo interpretamos en ese idioma. Ese que, en el primer amor, todavía no conocíamos y después sentimos irremediablemente que ya nadie habla como su lengua natal. Porque ¿quién vive el amor con aquella persona con la que tuvo su primer amor?»

Juan Forn, Puras mentiras

sábado, 25 de noviembre de 2017

Comer en Lisboa

«Y yo en Lisboa. El editor João Rodrigues nos ha invitado a comer en un colmado, a mi padre y a mí. Es una pequeña tienda en el barrio de la Morería. Estamos sentados entre detergentes y café soluble y toda clase de productos, en una mesa alargada a compartir con los que vayan llegando. Carta no hay. Hay bandejas de lechuga verde, cebolla y tomate. Dos quesos enteros, uno cremoso y otro duro. Sardinas y otros pescados a la brasa. Vino blanco. Fruta y chocolate. ¿No es un menú perfecto? A mí me lo parece, perfecto en su sencillez, y tengo la extraña sensación de que lo añoraba.»

Berta Marsé, “Diario de Eñe”, en la Revista Eñe, Madrid, verano de 2012.

martes, 21 de noviembre de 2017

Arqueros, nombres y apellidos

«Antes que nada está el apellido. Sabés, yo creo que el arquero, el buen arquero, no es un pibe que nace o se hace, sino un nombre que se dice. Yo, como mi amigo Fontanarrosa, por ejemplo, tenía un buen nombre para arquero: Campodónico. Porque es algo largo, como que ocupa mucho arco… —y Campitos abría los brazos, como para llegar de palo a palo—. Hay ejemplos a patadas: Camarata, Marrapodi, Mussimesi, Hernandorena, Giambartolomei… No digo que con apellido corto no podés ser arquero, pero ahí tenés que agregarle un nombre largo: Amadeo Raúl Carrizo. En España los arqueros buenos son casi todos vascos por eso: tienen unos apellidos…»

Juan Sasturain, “Campitos”

lunes, 20 de noviembre de 2017

Lo que quiero de una relación

«Lo que quiero de una relación, lo cual podría explicar por qué sigo soltera... Es difícil… Es esa cosa de cuando estás con alguien y lo amás, y él lo sabe, y él te ama y lo sabés, y están en una fiesta y ambos están conversando con otras personas, y te reís y brillás, y entonces mirás al otro lado del salón y las miradas se encuentran, pero no porque seas posesiva o porque sea algo sexual, sino porque esa es tu persona en la vida. Es divertido y triste, pero sólo porque esta vida acabará y este mundo secreto existe en este momento, en público, aunque que nadie se dé cuenta de que existe. Es como si hubiera otra dimensión alrededor de nosotros, pero no tuviéramos la capacidad de percibirla. Eso es lo que quiero en una relación. O de la vida, supongo. Amor.»

Frances en Frances Ha, de Noah Baumbach

viernes, 17 de noviembre de 2017

La mejor ventaja de ser rico

«¿Cuál te parece la mejor ventaja de ser rico? [...] Poder decir que no tienes dinero. Por ejemplo, yo iba y le proponía hacer algo a una compañera de clase. Entonces ella me decía: "No puedo. No tengo dinero". Yo, en cambio, hubiera sido incapaz de decir lo mismo. Si yo decía "No tengo dinero", era porque no lo tenía. ¡Patético! Igual que una chica guapa puede decir: "Hoy me veo tan horrorosa que no me apetece salir". Eso mismo, en boca de una chica fea, da risa.»

Haruki Murakami, Tokio Blues

sábado, 14 de octubre de 2017

Hasta que soplaba el viento de otro lado

«En los balcones del barrio y en los de toda Barcelona cada vez había más banderas de España; había hasta algunas con el toro. También había senyeres y estelades, pero menos que españolas. Me fijaba en ellas mientras hacía el reparto. Yo nunca había visto tantos balcones y terrazas conquistados por banderas españolas. Ni siquiera dos años antes, el día de la final de la Eurocopa. Había edificios en los que veías en el balcón de la derecha una bandera española y en el de la izquiera una senyera. Cuando soplaba el viento, ondeaban y se rozaban la una con la otra, como si se acariciasen y se quisieran fundir en una sola, hasta que soplaba el viento de otro lado y las dos se sacudían violentas y ondeaban cada una en una dirección.»

Miguel Angel Ortiz, La inmensa minoría

jueves, 12 de octubre de 2017

El secreto del éxito eterno del amor

«Te aseguré [...] que el secreto del éxito eterno del amor no podía sino participar de las mismas reglas que aseguraban el éxito de la convivencia eterna con uno mismo, vale decir, disfrutar de lo disfrutable, lamentarse de lo lamentable, perdonar hasta lo imperdonable, justificar lo injustificable, querernos algunas veces y odiarnos muchas más, permitirnos cambiar o no cambiar, ser sinceros hasta lo posible, y, por supuesto, no serlo cuando esa sinceridad puede provocarnos daños irreparables, o etcéteras y etcéteras parecidos.»

Federico Jeanmaire, Países bajos